Este sábado pasado estuve en uno de esos lugares a los que hay que ir alguna vez en la vida a pesar de que son realmente tristes, me refiero a un campo de concentración. Hacía un día gris y frio, pocos turistas, todo esto ayudaba a sumergirse en la historia del lugar. Ya había estado en uno hace dos años, por lo que ya venía preparado y el impacto emocional fue menor, aunque por supuesto te llega, es imposible sentirse indiferente ante tantas historias de personas que sufrieron el terror de la persecución NAZI.
Este campo está en Oranienburg, a las afueras de Berlín, su nombre es Sachsenhausen, la estética de los edificios que lo componen es muy parecida a la de los que se encuentran en Dachau (el otro que he visitado), la reja en la entrada al campo viene con el clásico “Arbeit macht frei” que en castellano viene a ser “el trabajo hace libre”, promesa que por supuesto era falsa.
Algo que me llamo la atención era que en una zona donde los países que habían tenido presos en este campo colocaban placas homenajeándolos, no había ninguna de España, cuando por este campo de concentración pasaron varios cientos de republicanos exiliados y entre ellos estaba Francisco Largo Caballero, el que fuera ministro de trabajo en tiempos de la república y presidente del gobierno durante la contienda civil dio con sus huesos en este campo y sobrevivió hasta que el ejército rojo lo liberó.
Los que allí estábamos nos preguntábamos como la comunidad internacional permitió la cacería NAZI en pleno siglo XX, pero pronto caemos en la cuenta que hoy en día aun se permiten muchos genocidios; Ruanda, Palestina, Congo, Sudán…

Joder...esto me recuerda a Dachau...la verdad es que yo creía que estaba anestesiado contra todo tipo de cosas, pero lo de Dachau me dejó tocado...
ResponderEliminarPor cierto, comparto punto por punto el último párrafo...
la verdad que si, llegamos con nuestro humor negro, haciendos chistes y a la salida nos costo mucho recuperarlo
ResponderEliminarQué razón tienes amigo... Este tema siempre me tocó (y me toca) de un amanera muy especial, no sé por qué.
ResponderEliminarNunca entenderé tanto horror ni tanta maldad gratuita...
Un besillo