
Mi segundo fin de semana en Huelva ha sido bastante más tranquilito que el primero, pero claro era difícil superar lo de hace dos jueves.
El viernes tuve un reencuentro con los erasmus onubenses que estuvimos en Freiburg; Ildefonso (alias “el trapis”), Silvia y Jesús. A los dos últimos lo he visto más a menudo, pero a el trapis, le tenia bastante perdido de vista. Tras ponernos un poco al día con nuestras vidas, caímos en la inevitable rememoración de batallitas friburguesas y son tantas que apenas hicimos un breve repaso por algunas, por algo lo definimos como el mejor año de nuestra vida.
Es difícil de explicárselo a alguien que no lo ha vivido, los erasmus son así, un año lleno de momentos que se viven con mucha intensidad, y si encima le pones el marco de una ciudad como Freiburg… no hay más que decir.
El viernes tuve un reencuentro con los erasmus onubenses que estuvimos en Freiburg; Ildefonso (alias “el trapis”), Silvia y Jesús. A los dos últimos lo he visto más a menudo, pero a el trapis, le tenia bastante perdido de vista. Tras ponernos un poco al día con nuestras vidas, caímos en la inevitable rememoración de batallitas friburguesas y son tantas que apenas hicimos un breve repaso por algunas, por algo lo definimos como el mejor año de nuestra vida.
Es difícil de explicárselo a alguien que no lo ha vivido, los erasmus son así, un año lleno de momentos que se viven con mucha intensidad, y si encima le pones el marco de una ciudad como Freiburg… no hay más que decir.
