martes, 24 de marzo de 2009

Budapest

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Budapest
Ya estoy de nuevo en Berlín, tras estas pequeñas vacaciones que me han servido para descubrir una ciudad maravillosa. Budapest es heredera de un pasado glorioso, que aun hoy se atisba por sus calles. La fachada al Danubio de las dos partes de la ciudad (Buda y Pest) es sencillamente espectacular, destacando el castillo, el bastión de los pescadores y el parlamento.

Hungría me ha dado la sensación de ser un país muy nacionalista, orgulloso de su pasado y que no desaprovecha la ocasión para recordarle al mundo que ellos también fueron una potencia. Las guerras mundiales recortaron el mapa húngaro convirtiéndolo en un pequeño retazo de lo que fue. Hoy en día, como cualquier antiguo país de la esfera soviética, son bastante anti rusos pero al contrario que Polonia y la Republica Checa son más europeístas y no miran tanto a los EE.UU.

El idioma es una de esas lenguas ancestrales, junto con el euskera, el estonio y el finés, que consiguen sobrevivir en Europa. Me sorprendió que la población tiene mayoritariamente como segunda lengua el alemán, claro que en cualquier sitio turístico te hablan en ingles, pero en las tiendecitas y la gente a las que preguntábamos por la calle no solían entender ingles y respondían en alemán. Resquicios del imperio austrohúngaro.

La gastronomía húngara nos entretuvo gran parte del tiempo del viaje y es que ya fuera dulce o salado todo estaba muy rico y a un precio muy asequible. Budapest no es un chollo porque el turismo hace que los precios suban pero es bastante barato, mas aun con el cambio de un Euro por 300 Florines.

Un bar de copas que recomiendo si alguna vez vais por allí, es el Szimpla, seria muy propio de Berlín por su estética underground, con bañeras reconvertidas en sofás, en una sala la iluminación corre a cargo de cabezas de muñecos con bombillas que cuelgan del techo, y un sin fin de detalles que hacen que la imaginación en la decoración de cada una de las salas quede totalmente desbordada. Todas las salas dan a una especie de patio de vecinos que es el centro del bar.

La casualidad hizo que la ultima noche después de dar un paseo por la ribera del río y disfrutar de la belleza de los edificios iluminados nos refugiásemos del frío en un bar donde daban música en vivo, la sorpresa fue que era música en español y el cantante, un chileno que llego a Budapest hace 35 años huyendo de la dictadura de Pinochet, se acerco a nuestra mesa en el descanso de su actuación para contarnos infinidad de curiosidades de Hungría, el se gana la vida como guía turístico así que fue una charla muy interesante, además nos recomendó un bar donde fuimos después, “el hoyo”, situado bajo el estanque de una plaza, el bar era visible desde la plaza a través del agua ya que el techo era translucido, un bar muy bueno para tomar Unicum y Pálinka, bebidas típicas de Hungría, la primera muy rica, la segunda un licor infernal. Al rato volvió a aparecer el cantante chileno y continuo su clase magistral sobre historia y cultura húngara.

Resumiendo, si tenéis tres o cuatro días libres y queréis hacer un viajecito barato a un lugar bonito, Budapest es el sitio indicado.

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