Suelo decir que una de las cosas que más me gusta de vivir lejos de mi tierra, es la sensación de echar de menos. La distancia, ya sea temporal o espacial, hace que las personas veamos las cosas de manera positiva y que añoremos hasta la persona que peor nos cae.
Aunque a veces esa sensación nostálgica es tan excesiva que se te anuda en la garganta, como hoy que me ha tocado ser el primero que se va de Punta Umbría (Punt'umbria como decimos aquí). Ha terminado mi verano, porque para mi verano significa Punta, y se me vienen a la mente tantos recuerdos, esas batallitas que todos los años solemos contar...
El tiempo pasa y la gente cambia, ahora nos vemos cada vez menos, nos vamos haciendo viejos y eso conlleva obligaciones, la mayoría solo aparece por aquí una semana y es difícil que coincidamos muchos, pero siempre que nos juntamos, aunque algunos apenas crucemos palabras durante el resto del año, es como si no pasaran el tiempo. Es muy satisfactorio ganarle la batalla a ese traidor implacable.
Aunque a veces esa sensación nostálgica es tan excesiva que se te anuda en la garganta, como hoy que me ha tocado ser el primero que se va de Punta Umbría (Punt'umbria como decimos aquí). Ha terminado mi verano, porque para mi verano significa Punta, y se me vienen a la mente tantos recuerdos, esas batallitas que todos los años solemos contar...
El tiempo pasa y la gente cambia, ahora nos vemos cada vez menos, nos vamos haciendo viejos y eso conlleva obligaciones, la mayoría solo aparece por aquí una semana y es difícil que coincidamos muchos, pero siempre que nos juntamos, aunque algunos apenas crucemos palabras durante el resto del año, es como si no pasaran el tiempo. Es muy satisfactorio ganarle la batalla a ese traidor implacable.

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