
Cuando uno está lejos de su tierra echa de menos muchas cosas; la familia, los amigos, la comida, las pequeñas cosas cotidianas y algunas que solo pasan una vez al año. Como la semana santa.
Hoy es martes santo y sale estudiantes. Por segunda vez en mi vida no voy a estar allí para verlo. Para algunos es difícil de entender lo que significa, pero es lógico, creo que la semana santa es una de esas cosas que no atiende a la razón, son sentimientos, y los sentimientos no se entienden, se sienten.
Hace tres años me preparaba para salir de costalero, tras un par de meses de ensayos estaba nervioso. Recuerdo todo perfectamente; el ritual de vestirse, preparar el costal, ponerse la faja, golpes de martillo, primeras levantás y chicotás, las palabras de ánimo de la cuadrilla cuando fallan las fuerzas, el silencio que se hace en la calle, el sonido del rachear de las zapatillas, los ojos de la gente a través de los respiraderos, los rezos de las monjitas de las hermanitas de la cruz, las saetas entre naranjos en el pasaje Cristo de la sangre, subiendo la rampa de la iglesia de san Sebastián de puntillas, las lagrimas de algún compañero, echar el cuerpo un poquito a tierra para pasar por el dintel, la voz del capataz diciendo “ahi quedo” antes de último golpe en el llamador y los abrazos de la cuadrilla. Una experiencia única.
Hoy es martes santo y sale estudiantes. Por segunda vez en mi vida no voy a estar allí para verlo. Para algunos es difícil de entender lo que significa, pero es lógico, creo que la semana santa es una de esas cosas que no atiende a la razón, son sentimientos, y los sentimientos no se entienden, se sienten.
Hace tres años me preparaba para salir de costalero, tras un par de meses de ensayos estaba nervioso. Recuerdo todo perfectamente; el ritual de vestirse, preparar el costal, ponerse la faja, golpes de martillo, primeras levantás y chicotás, las palabras de ánimo de la cuadrilla cuando fallan las fuerzas, el silencio que se hace en la calle, el sonido del rachear de las zapatillas, los ojos de la gente a través de los respiraderos, los rezos de las monjitas de las hermanitas de la cruz, las saetas entre naranjos en el pasaje Cristo de la sangre, subiendo la rampa de la iglesia de san Sebastián de puntillas, las lagrimas de algún compañero, echar el cuerpo un poquito a tierra para pasar por el dintel, la voz del capataz diciendo “ahi quedo” antes de último golpe en el llamador y los abrazos de la cuadrilla. Una experiencia única.

Och jag är stockholmare! :o)
ResponderEliminarExcuse my haste, but time is running out.
Personal announcement!
My Poetry:
http://singleswingle.blogspot.com/
My Philosophy:
http://winmir.blogspot.com/
My Art
http://screenfonds.blogspot.com/
-Best wisahes,
Peter Ingestad, Sweden
Ayyy... ¡Lo que me acuerdo yo de ti en Semana Santa! Y es que hay cosas que no se pueden separar, como pasa con la Semana Santa de Huelva y las manos de tu abuelo.
ResponderEliminarEse olor a incienso que se respira, la gente, el ambiente y esos sentimientos no se pueden explicar con palabras, ¿verdad? Hay que vivirlos :)
Te mando muchos besos, amigo.
cuanta rozon tienes noe!
ResponderEliminarquien pudiera estar por alli ahora para disfrutar del ambiente de semana santa.
besos